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Arte argentino republicano: retratos y pintura de costumbres
El arte argentino republicano definió sus características a partir de la confluencia de artistas nativos, extranjeros radicados y viajeros románticos, con la circulación de imágenes e ideas estéticas entre Europa y el Río de la Plata. En la etapa federal, alrededor de 1830-1850, las artes estuvieron subsumidas a la política, se impuso una vasta iconografía del poder. Desde la centralidad del retrato de Manuelita Rosas, hija del gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, plásticamente innovador en su tiempo y, a la vez, punto máximo del arte de propaganda, se despliegan en la sala los dos géneros dominantes del siglo XIX rioplatense: el retrato y el costumbrismo.
Prilidiano Pueyrredón fue el artista central del período liberal, entre su regreso definitivo en 1854 y su muerte en 1870. No sólo resolvió con eficacia el encargo de retratos que acompañó el crecimiento económico de la sociedad, sino que también se atrevió al desnudo erótico de consumo privado. La pintura costumbrista, alejada ya del exotismo y la descripción de los artistas extranjeros de la primera mitad del siglo, comenzó a ser una representación letrada de la vida de la campaña, en paralelo con la literatura gauchesca.
Un alto en el campo y El rodeo, representación del ocio y el trabajo rural, son imágenes de una sociedad vista en peligro ante el avance del progreso. Camino al reñidero del francés León Pallière relega el asunto para privilegiar una nueva representación del paisaje, con una técnica más suelta, mayor empaste y contrastes de color bajo una luz natural.
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