Horarios del Museo
Horario:
Martes a viernes
de 12.30 a 20.30 hs.
Sábados, Domingos
de 9.30 a 20.30 hs.
Lunes cerrado
Entrada Gratuita
Useful Information
Museum opening times
Tuesday to Friday 12.30 - 8.30 p.m.
Saturday and Sunday 9.30 a.m. - 8.30 p.m.
Monday closed
Free admission
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Patria Petrona
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11 de Enero al 19 de Febrero
En el Museo Nacional de Bellas Artes se exhibe Patria Petrona, como reconocimiento a la generosa donación de la obra Patria, 2011 por parte del artista Alfredo Arias y la Fundación Proa. Esta exhibición fue oportunamente expuesta, entre julio y agosto de 2011, en la Fundación Proa. Se trata de un proyecto interdisciplinario de Arias, director, actor y dramaturgo argentino, que formó parte del grupo Di Tella y se radicó en Paris en 1969. La exhibición, inspirada en la decoración de la repostería de Doña Petrona C. de Gandulfo, emblemática ecónoma argentina, reproducidas en su antológico libro, muestra réplicas en cerámica de varias tortas clásicas de su repertorio: torta de bodas, torta patria, torta de cumpleaños, torta de bautismo, torta del té y torta en homenaje a La Boca. La exposición se completa con los trajes de ceremonia para comer cada torta, diseñados por Pablo Ramírez y tres pinturas de Juan Stoppani, basadas también en las láminas del libro. Patria Petrona según Alfredo Arias Patria Petrona es un homenaje a la memoria, a la capacidad de cada uno de nosotros de reconstituir el paisaje donde crecimos, ese lugar donde las palabras, los gestos, los perfumes, las imágenes quedarán para siempre grabados y harán parte de nuestra persona. Definirán nuestra percepción del mundo adulto. La Patria es la tierra que nos hizo; en ese territorio viven hadas y fantasmas. Petrona es uno de esos personajes de la fantasía Patria. La experiencia que propone Patria Petrona es ir más allá del personaje elegido, de su mundo visual sin igual, puesto que son esas láminas en los libros de cocina de la gran maestra que hacen parte de mis recuerdos infantiles. Sólo imágenes. Nunca probé un plato preparado por Petrona, todo era transmisión televisiva, ondas e interpretaciones de esas recetas; más allá, en lejanos barrios del Gran Buenos Aires. La casa donde miraba los programas de Doña Petrona se situaba en Remedios de Escalada. Ahí, frente al chalet a la americana que mi padre había construido, se produjo un cataclismo: el gobierno decidió expropiar las casas vecinas para hacer pasar un Camino de Cintura, o una General Paz, o una Panamericana que nunca pasó. En ese desierto se fue instalando poco a poco una villa de emergencia, mientras que el baldío se extendía chato y silencioso hasta el club Talleres, un gran potrero para los fantasmas donde cocinaba la doña. Cuando Perón daba sus discursos, la gente de la villa nos pedía ver la televisión; mis padres acercaban el aparato a la ventana y detrás de unas rejas el Coronel arengaba a sus fieles. Era una misa. En ese mismo aparato apareció un día Petrona: para mí fue un refugio; en cambio de ir a Disneylandia iba a Petronalandia, y cada vez que mis padres se peleaban (se peleaban seguido) yo trataba de realizar un plato, de preferencia un postre de Petrona, para evadirme. Esos postres de Petrona que yo preparaba eran siempre un fracaso. Además del disgusto de no lograrlo, este acto contribuía a reforzar las nefastas dudas de mi madre sobre mi tendencia a apreciar todo lo femenino, como leer Para Ti o Radiolandia… Puedo suponer ahora que Petrona hizo parte del cortejo de íconos que me llevaron a pasar cinco años de Liceo Militar, institución en la cual mis padres depositaron todas las esperanzas donde finalmente deberían borrarse esas fascinaciones fantásticas y así aligerado, bien parado y con la cabeza bien despejada, podría enfrentar el futuro que me esperaba. Tortazo no es un trabajo histórico o sociológico, es solo un planeo poético de la memoria. Un Twist again.
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